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¿Para qué necesito una tarjeta de crédito?

Es normal que en el momento de abrir una nueva cuenta en el banco o incluso de firmar una hipoteca se ofrezca-imponga la contratación de una tarjeta de crédito. En estos casos la pregunta que debes hacerte es ¿realmente necesito una tarjeta de crédito? ¿En qué casos puede serme útil? ¿No basta con una tarjeta de débito? Teniendo en cuenta que cada español guarda en su cartera una media de cuatro tarjetas la respuesta a la primera pregunta es clara, pero conviene ir un poco más allá.

Las tarjetas de crédito son, como su propio nombre indica, un instrumento para obtener crédito a través de una especie de préstamo. Su principal diferencia con las tarjetas de débito es que con éstas los pagos se cargan directamente y de forma inmediata a la cuenta bancaria, mientras que las en primeras este pago se aplaza durante un tiempo (generalmente un mes). En el fondo, es una forma de obtener un dinero que todavía no tenemos, es decir, de endeudarse, aunque también puede considerarse como un adelanto a un capital del que podremos disponer en poco tiempo.

Para la vida cotidiana no es necesario contar con una tarjeta de crédito, basta con la débito, que además suelen ser gratuitas y no tienen ningún tipo de cuota. Esta es, en el fondo, la mejor fórmula para controlar el gasto y no consumir por encima de nuestras posibilidades. Sin embargo, sí que es recomendable contar con una tarjeta de crédito dentro de la familia para determinado tipo de situaciones. En primer lugar, es un recurso para hacer frente a una eventual falta de liquidez en caso de emergencia (aunque luego los intereses sean muy superiores a los de un préstamo personal) y en segundo, existen una serie de servicios que sólo se pueden contratar con este tipo de tarjetas como el alquiler de coches o las reservas en algunos hoteles.

Además, también ofrece una serie de prestaciones adicionales como el seguro de viaje que hacen recomendable contar por lo menos con una tarjeta de crédito en casa. A esto hay que añadir otro tipo de promociones eventuales, programas de puntos, descuentos, etc que sirven para añadir atractivo a este producto. En estos casos el uso de la tarjeta de crédito puede servir para ahorrar, aunque por su naturaleza plantea al mismo tiempo un problema sobre el control del gasto.

En general, las situaciones en las que será estrictamente necesario el uso de la tarjeta de crédito son limitadas y, si bien conviene tener una en casa, también es recomendable ser ‘disciplinado’ a la hora de utilizarla. Si no tienes intención de endeudarte es mejor evitar la tentación, a no ser que seas capaz de utilizarla con rigor espartano’ y beneficiarte así de promociones de puntos e incluso de ese adelanto de crédito.