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Cómo invertir en bonos

Asociamos la inversión en bonos a un producto conservador con una rentabilidad garantizada y así es para el ahorrador más prudente. Sin embargo, hay diferentes formas de aprovechar esta herramienta de renta fija que van más allá de su uso habitual. ¿Quieres descubrirlas?

Los bonos son una de las primeras recomendaciones para el inversor conservador que quiere obtener rentabilidad sin arriesgar demasiado. En realidad, esta recomendación se extiende a la mayoría de productos de renta fija, donde la deuda estatal es la gran estrella. Pero para invertir en bonos antes es recomendable saber qué son exactamente y cómo funcionan.

Los bonos son títulos de renta fija emitidos por una empresa o por un gobierno para financiarse. En este sentido no operan de forma muy diferente a un depósito: el estado pide dinero que remunera a un determina tipo de interés y se compromete a devolver el dinero al cabo de un tiempo preestablecido. Traducido al lenguaje de la renta fija, el estado emite un bono o pagaré por el que se compromete ofrecer un rendimiento o interés que retribuirá de forma trimestral, semestral o anual –esta última es la opción más habitual-. Al final del plazo pactado, el Estado devolverá el dinero más el último pago de los intereses.

De esta forma, el ahorrador se asegura cobrar por lo menos el cupón –el interés que ofrece el bono- más el dinero invertido.

Como regla general, cuanto más largo sea el plazo de pago, más altos serán los intereses que ofrezca el estado. Del mismo modo, cuanto mayor sea el riesgo de impago, mayor será también la rentabilidad que ofrezca el bono. Por eso mismo se disparó la rentabilidad del bono español cuando había dudas sobre la solvencia del Estado, su continuidad en el euro o sus posibilidades económicas y por la misma razón hay países que tienen que pagar más por financiarse que otros. A fin de cuentas, no todas las regiones son igual de fiables en términos económicos.

Para determinar la calidad de una emisión las agencias de rating ponen nota a cada país. Esta guía sirve, por ejemplo, para determinar las políticas de inversión de algunos fondos. Sin embargo, no es la única cuestión que incide en el precio del bono ni en su valoración.

Más allá del cupón / Renta fija no tan fija

Para un inversor que sólo busque cobrar su cupón, invertir en bonos es la cosa más sencilla. De hecho, sólo tendrán que buscar la emisión con la relación rentabilidad-riesgo que deseen, acudir a ella y esperar sentados mientras reciben los intereses pactados y, al final del plazo, el principal de la inversión –el dinero que invirtieron-.

Pero la realidad de los bonos va más allá. Existe todo un mercado en torno a los bonos, el mercado secundario de renta fija, en el que se pueden comprar y vender emisiones de cualquier tipo. En este mercado, los bonos van cambiando de mano en mano y su precio sube o baja en función de las expectativas de los inversores sobre la evolución de la economía del país y sus tipos de interés. ¿No lo entiendes? Imagina que has comprado un bono de España a un tipo de interés del 4% (un cupón anual de 40 euros por una inversión de 1.000 euros) pero que los inversores avanzan una caída de tipos de interés por parte del Banco Central Europeo (BCE), ese bono subirá de valor, ya que la siguiente emisión de deuda del Reino de España seguramente rinda al 3,75% o en cualquier caso, por debajo del 4%.

Del mismo modo, imagina que vuelven a surgir dudas sobre la solvencia del Estado y los inversores empiezan a vender bonos españoles que compraron por 1.000 euros –la emisión mínima-. Al igual que ocurre con las acciones, su precio bajaría y podrían valer menos de los 1.000 euros iniciales, pongamos que 800 euros. Estos vaivenes no afectan al cupón o interés que paga el bono. El Estado tendrá que seguir rentando al 4% a razón de 40 euros al año a su tenedor, que ya no recibirá un 4%, sino un 0,5% porque no pagó 1.000 euros por el cupón, sino 800 euros.

Cómo comprar un bono

Y ahora que ya sabes cómo funcionan los bonos sólo queda ver cómo contratarlos. La opción directa es acudir a cualquier oficina del Banco de España o a través de la página web del Tesoro. Allí podrás ver las emisiones que hay y cuánto rentarán. En este caso la compra es por el total del bono, que es de 1.000 euros.

Si lo que quieres es acudir al mercado secundario y no sólo a las emisiones del Tesoro, bastará con acudir a un intermediario financiero autorizado que nos dará acceso a la posibilidad de comprar y vender bonos tras la subasta.

Otra alternativa es no comprar el bono, sino un CFD sobre el mismo. Los CFDs o contratos por diferencia, en los que no se invierte directamente en el bono, sino en un futuro del mismo. Aunque la operativa puede ser algo más compleja, la ventaja es que al no ser los bonos oficiales, se puede operar con fracciones del mismo. Dicho de otra forma, no es necesario desembolsar 1.000 euros por cada contrato, sino que se puede invertir desde 10 euros.

Por qué invertir en bonos

El principal motivo para invertir en renta fija en la mayoría de casos es buscar la seguridad de un activo que ofrecerá un rendimiento predefinido para un plazo de inversión generalmente amplio. Sin embargo, cuando operamos en el mercado secundario, se puede aprovechar la relación inversa entre los tipos de interés a largo plazo y los precios de los bonos para cubrirse ante eventuales cambios en la política de los bancos centrales, entre otras cosas.