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Aprender a perder: vende antes de que sea demasiado tarde

Quienes invierten en bolsa saben que entre las lecciones más difíciles que todo inversor termina aprendiendo figura la de ser capaz de asimilar sus pérdidas. Es decir, reconocer el error, y, como se dice en jerga bursátil, materializar la minusvalía y que no es más que vender por debajo del precio de compra antes de que las pérdidas sean todavía más severas. Quienes no aprenden a ‘cortar las pérdidas’ no duran mucho en el mercado.

Asimilar los errores es complicado, y mucho más cuando hay dinero de por medio. Y es que no se trata simplemente de pedir perdón, como ocurre en otros ámbitos de la vida, sino de perder capital. En el caso de la Bolsa el sentimiento sería similar al de ‘tirar a la basura’ parte de la inversión, aunque por fortuna esa sensación desaparece con el tiempo y es sustituida por otra más sana y llevadera: ‘es parte del juego’.

Hay infinidad de dichos bursátiles que se refieren a esta capacidad para saber perder y que en muchos casos deberían aplicarse también al resto de ámbitos de las finanzas personales. Evidentemente, la inversión en Bolsa tiene sus propias particularidades, pero muchas de sus enseñanzas son aplicables a otras formas de inversion, como como ejemplo la compra de una casa. En un post titulado Planifica tu crisis, Tristán nos expone un caso clarificador en el ámbito empresarial que podemos extrapolar al mundo particular. La ‘traducción’ sería la siguiente: un usuario en dificultades económicas que preve que en un futuro relativamente cercano no podrá hacer frente al pago de la hipoteca de su casa y decide venderla antes de incurrir en el impago y enfrentarse a una posible subasta de la misma. El problema, es que el valor de tasación actual se sitúa por debajo del de compra y por lo tanto pierde dinero.

El caso expuesto por Tristán se refiere a un empresario y por eso es quizás más fácil resolverlo. A fin de cuentas, no se trata de su hogar, sino de una nave industrial que tiene alquilada. Sin embargo, es interesante estudiarlo desde la perspectiva de un particular tal y como se planeta en el anterior párrafo. Lo que esta persona estaría haciendo es lo materializar sus pérdidas antes de que sea demasiado tarde, salvar el dinero que pueda para no perderlo todo o, en este caso, dejar que la deuda alcance un punto insostenible.

Es cierto que las circunstancias son diferentes, porque la compra de una vivienda es la inversión más importante para una familia, pero no por ello deja de ser una inversión. Tal y como ocurre en Bolsa, en ocasiones lo mejor es dejar de lado todo sentimiento y afrontar el asunto desde una perspectiva puramente financiera, lo que equivale a tratar la vivienda como una inversión que puede salir bien (el inmueble se revaloriza) o mal (el inmueble pierde valor).

Retomando el caso antes planteado, si somos capaces de prever que tarde o temprano incurriremos en un impago de la hipoteca, quizás lo mejor sea adelantarse a ese momento y buscar soluciones en lugar de quedarnos ‘a verlas venir’ o, como dice Tristán “no mirar hacia otro lado ni esperar que al final se produzca un milagro que nos saque del atolladero”. Las primeras vías lógicas en una situación tan crítica serían las de buscar una refinanciación del inmueble y otras vías para aumentar los ingresos, pero si estas no llegan habrá que plantearse su venta.

Puede ser mejor vender el piso, incluso asumiendo pérdidas, que esperar a que el banco proceda a embargarlo y subastarlo. En ambos casos, si el valor que se obtiene por la venta es menor que el de la deuda, seguiremos debiendo dinero al banco, pero por lo menos obtendremos más capital por el inmueble. Y es que es más factible vender el piso a un precio más alto si somos nosotros quienes lo hacermos, que si es el propio banco quien lo subasta, ya que la entidad cobrará su deuda de todas formas y no mirará tanto cuánto obtiene de la venta, sólo si necesita recuperar rápidamente el dinero o puede esperar.

Pero tampoco se puede actuar a la ligera, ya que la venta de la vivienda habitual cuando pende una hipoteca sobre la misma plantea una serie de problemas financieros y legales adicionales que no deben descuidarse. Si con la venta del piso alcanzamos a pagar el préstamo, sólo habrá que ocuparse de encontrar una nueva vivienda que sea realmente asequible (el alquiler debería ser la primera opción) y volver a hacer cuentas.

La cosa cambia si con esta la venta no cubrimos el importe del préstamo. Por una parte seguiríamos debiendo dinero al banco y habría que hablar con la entidad para renegociar los términos del préstamo, ya que además deberemos ocuparnos de pagar la nueva vivienda. Por otra parte, el banco deberá aprobar la venta, ya que nuestra hipoteca dejaría de tener la vivienda como garantía de pago, puesto que esta pasaría a ser de otras personas. Por eso mismo esta alternativa de venta de la vivienda antes del embargo y posterior subasta se aplica mejor a segundas viviendas o, en el caso de la primera, si por lo menos con ese dinero conseguimos saldar la hipoteca. Es decir, vender la casa por el valor de la hipoteca aunque esto suponga perder el dinero invertido hasta el momento en la vivienda.

Al final, este es sólo un ejemplo de como en términos de gestión financiera en ocasiones puede ser mejor buscar un punto de vista lo más racional posible y, sobre todo, dejar de lado los sentimientos.