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Seguimos sin aprender de los bancos

Los datos del Informe sobre el Perfil Socio Cultural del Inversor presentado por el Observatorio Inverco ha confirmado una preocupante carencia en el ahorrador medio español. Su incapacidad de aprender de errores pasados. Aunque ninguna pregunta del cuestionario recogía explícitamente la cuestión, esta es una de las principales conclusiones que puede extraerse del estudio. ¿Por qué?  Por que se sigue confiando en los bacos como principal fuente de asesoramiento.

Un 63,4% de los españoles sigue confiando en la entidad financiera como principal fuente de asesoramiento y así nos va. En anteriores ocasiones ya nos hemos cuestionado sobre el papel de las sucursales bancarias como asesores o como meros puntos de venta con un resultado nada positivo para bancos y cajas de ahorro. El problema en este punto radica en que las entidades -a excepción de las cajas, de quienes podría/debería esperarse un comportamiento diferente- no dejan de ser empresas privadas cuyo fin es el de ganar dinero. La diferencia es que en lugar de vender coches, películas, libros o servir cenas lo que hacen es colocar productos financieros.

Sin embargo, nuna hay que perder de vista que el objetivo del banco es ganar dinero, no que sus clientes ganen dinero. Esto último es secundario, aunque también recomendable, ya que si no se quedarían sin ahorradores. Además, otro elemento que condiciona la validez de los bancos como asesores independientes es su estructura y funcionamiento. En general, la mayoría de entidades se basan en una forma de trabajo donde cada sucursal es independiente del resto en lo que a objetivos se refiere (de ahí los problemas en muchos bancos para realizar operaciones en una oficina distinta a la habitual), aunque todas siguen una misma política, que es la que marca la central.

De esta forma, pensar que el banco va a asesorar a sus clientes lo que es mejor para ellos y no para la entidad es un tanto iluso. Sólo hay que ver la colocación de determinados tipos de producto para darse cuenta de que el banco mira por sus intereses y si lo que toca es ‘vender’ una ampliación de capital o unas acciones preferentes, eso será lo que ofrezcan a sus clientes, aun siendo conscientes -que no todos los empleados del banco lo son- de que no es el producto más adecuado.

A esto hay que añadir otro gran impedimento para considerar a los bancos como los presciptores ideales. Se limitan a colocar sus propios productos, obviando los de la competencia. Se trata de algo lógico, pero que también va en contra del ideal de asesoramiento financiero. En este sentido, son más adecuadas propuestas como las de Inversis y los llamados supermercados financieros, que se limitan a agluntinar casi toda la oferta disponible en el mercado y actúan de forma independiente, sin la presión de tener que colocar sus propios productos.

Por fortuna, es estudio del Observatorio Inverco también muestra una tendencia al alza en el asesoramiento por parte de profesionales, que han pasado de suponer menos del 10% al actual 14,8%, por delante de un clásico como “amigos y familiares”, que aglutinan el 12,2% de la confianza.

Además, también se relacionan los altos conocimientos financieros con una menor confianza en el banco, aunque visto el siguiente gráfico, puede que no todos los encuestados hayan dicho la verdad ¿cómo sino es posible que aún quienes aseguran tener altos conocimientos de productos financieros sigan confiando en el asesor de su entidad financiera?