¿Qué pasa con la inflación?

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El Instituto Nacional de Estadística ha publicado hoy el dato del inflación de agosto. En concreto, la tasa de inflación para este mes ha sido del 1,6%, con respecto a agosto del año anterior. Una décima superior a la del mes anterior.

Desde el Ejecutivo consideran que se pueden dar por cerrados los riesgos de deflación y que a partir de ahora las subidas del IPC serán moderadas una vez se ha normalizado la situación. Sin ánimo de contradecir este punto de vista y seguro de que la inflación se moverá en tasas positivas durante 2018, hay un dato que no podemos dejar escapar y es la excesiva incidencia de los productos energéticos en el IPC. El petróleo Brent parece que ha llegado a su mínimo el pasado 2015 y lentamente está comenzando a iniciar una recuperación.

Si la caída vivida en 2010 (año más bajo con un -0,5%) y las primeras tasas negativas de inflación podían explicarse por la mezcla entre el frenazo al consumo y la caída de precios de los combustibles en comparación a 2008, lo mismo puede decirse de la recuperación. Sólo hay que fijarse en que la evolución de la inflación subyacente (que mide el IPC sin alimentos no elaborados ni productos energéticos).

Esta correlación entre el precio de la energía y la inflación resulta muy peligrosa, como ya vimos en 2008 cuando el IPC se disparó, pero en el caso de la economía española sirve para enmascarar la caída de precios en otras áreas debido a la contracción del consumo en otras áreas. Pero ¿Quiere decir esto que todavía persisten los riesgos de deflación? Nada más lejos de la realidad. Las perspectivas de los expertos sitúan al IPC 2018 en el entorno del 1,7 -1,9% y el objetivo oficial del Gobierno  del 2% (mismo objetivo que el Banco Central Europeo). Aunque recuperación económica, que en España no se comenzó a producir en el 2013, se puede ver algún signo de mejora, pero lo que sobre se va a notar es el aumento de los precios, sobre todo en el combustible. Además el resto de medidas fiscales y económicas anticrisis servirán para asegurar que el índice se siga manteniendo en positivo.

Este es el escenario más probable, aunque también hay quienes siguen creyendo que la pasada crisis no ha cesado del todo y nos empujará a tasas de inflación mucho más bajas ante la falta de consumo. A pesar que el índice de confianza de los consumidores está en aumento.

Sin embargo, dejando de lado cuál será el comportamiento del IPC en el año 2018, lo que muchos ciudadanos no entienden como la inflación acumulada este 2017 es del -0,5% con el dato de agosto y como es posible que la inflación no esté disparada cuando muchos de los productos de consumo diario han subido por encima de estos porcentajes.

En el fondo, lo que se plantean es si el IPC oficial es el IPC Real y por desgracia la respuesta en estos momentos no está del todo clara. Las últimas modificaciones en la composición de la cesta de productos que dan lugar al dato de IPC siguen siendo cuanto menos sospechosas. Algunos componentes están lejos de poder considerarse de uso común o ni siquiera esporádico, a lo que hay que añadir una ponderación desfasada, ya que para actualizarla se utiliza la encuesta de precios familiares del año anterior… En un entorno de crisis como el pasado, los hábitos de consumo han variado tanto y tan rápidamente que el IPC se ha quedado atrás. Y es que al margen de los números, basta con preguntar a compañeros, amigos y conocidos sin tantos conocimientos técnicos si creen que la vida ahora es sólo un 1,6% más cara que hace un año o si de verdad piensan que durante 2016 han pagado menos por los productos o servicios.

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