Las cláusulas de suelo siguen oliendo a chamusquina

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Lo que mima el legislador español a la banca es de juzgado de guardia. Una cláusula que dice que el cliente hipotecado pagará como mínimo un interés del 2,90% y como máximo del 15% es a todas luces abusiva, o cuanto menos injusta si aplicamos el sentido común. Otra cosa es que la cláusula de suelo y la de techo fueran estadísticamente probables. Pero con un tipo de interés al 15%, simplemente el sector financiero se derrumbaría al no poder pagar nadie su hipoteca.

Una hipoteca de 200.000 euros a 30 años al 15% representa una cuota de  2.529 euros; para pagarla los titulares deberían ganar unos 7.225 euros. ¿Hay mucha gente con estos sueldos comprando casas de 200.000 euros? creo que no.

Ya hace tiempo que los tribunales en primera instancia han considerado abusivo que una entidad financiera imponga en su minuta de préstamo hipotecario una cláusula de suelo muy probable de tocar y una cláusula de techo virtualmente imposible. El primer tribunal que declaró abusiva esta práctica fue el Juzgado de lo Mercantil número 2 de Sevilla en octubre de 2010. A esta le han seguido varias más.

Sin embargo estas sentencias no son firmes y son recurribles a las distintas Audiencias Provinciales. E incluso queda el recurso al Tribunal Supremo, que hasta que no se pronuncie no implica a las entidades financieras ni beneficia a todas las hipotecas de sus clientes.

Una de las cosas positivas que ha traído estar en la Unión Europea, mucho más importante de lo que el público en general valora, es la modernización de la normativa financiera en general y la bancaria en particular. Cuando yo estudiaba derecho bancario, hace una década, el catedrático en derecho mercantil empezó las clases con la siguiente máxima:

El derecho bancario es el derecho mercantil más mafiosos que existe.

Os aseguro que es una transcripción prácticamente literal, que solo puede alejarse de la realidad en la parte de creatividad que implica la memoria humana. Desde esa época a la actualidad la cosa ha mejorado, pero no lo suficiente para que el consumidor financiero pueda estar tranquilo. Casos como las cláusulas de suelo, la venta masiva de permutas financieras encubiertas como seguros de tipo de interés, la posibilidad de que el banco se adjudique la vivienda por el 60% de su valor y un largo etcétera demuestran que la banca sigue teniendo un enorme poder sobre políticos y justicia.

No soy en absoluto un enemigo de los bancos; su función de canalizar ahorro a inversión productiva y consumo es clave para la riqueza de una sociedad moderna. El problema es cuando esta función no la cumplen adecuadamente y encima sus ineficiencias y abusos los paga el pueblo.

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